José Antonio Ruiz López (La Línea, 21 años) y Karina Tewkesbury (Gibraltar, 28 años) forman una de las muchas parejas, de españoles y gibraltareños, que prueban los estrechos lazos que siempre han existido en esta singular comarca fronteriza. Se conocieron participando en la comunidad de la iglesia evangélica Esperanza de Vida, en La Línea, y desde hace dos años salen juntos. El próximo 2021 contraerán matrimonio. 

Diferencias culturales y barreras físicas, como la propia Verja, no han impedido que estos dos jóvenes se preocupen y centren en lo importante: conocerse y quererse cada día un poco más. “En general, a pesar de las pequeñas diferencias, las relaciones entre españoles y gibraltareños son buenas, tan normales. Es un trato de tú a tú, ya sea un noviazgo, una amistad, un compromiso laboral, lo que sea”, comenta Karina Tewkesbury, que describe su relación con la naturalidad con la que lo haría un algecireño y una barreña, un sanroqueño y una linense. Los padres de Karina también son una pareja transfronteriza. “Mi padre es de Gibraltar y mi madre es española”, añade. Se conocieron justo después de la apertura de la frontera, por lo que esta joven gibraltareña no oculta su apego también al otro lado. “Al fin y al cabo, el 50% de mi ADN es español”, añade. 

Para José Antonio, Karina ha sido su primer contacto estrecho con Gibraltar, aunque reconoce que, como muchos otros campogibraltareños, de una forma u otra, el Peñón siempre acaba apareciendo en alguna parte de los relatos familiares. “Mi bisabuelo se refugió en Gibraltar durante la Guerra Civil y también estuvo trabajando allí. Todos tenemos, o hemos tenido en algún momento, familiares y amigos trabajando al otro lado. Yo hasta ahora sólo conocía Gibraltar como lo conocemos todos, de pasada. Hasta que empecé a salir con Karina no había tenido un trato más directo y cercano con su gente, y me encanta”, señala. 

La pareja, en las inmediaciones de la Verja. Foto: Manolo Glez.

Familiares y amigos de los dos jóvenes reaccionaron a su relación con la naturalidad que merece. “Nuestras familias están muy contentas. Si nosotros estamos bien, ellos también. Sin ningún tipo de problema”, destaca la pareja, que asegura que las riñas políticas quedan muy lejos de las relaciones personales a pie de calle. 

Tan cerca y a la vez tan lejos. La pandemia de Covid-19 no sólo ha interrumpido muchos de sus planes diarios, sino que ha vuelto a poner de manifiesto las particularidades de este tipo de relaciones transfronterizas. “Durante el estado de alarma pasamos de vernos todos los días, o casi todos, a no hacerlo durante tres meses, nos vimos obligados a mantener una relación a distancia a pesar de vivir a 20 minutos andando el uno del otro. Bromeábamos incluso con ponernos cada uno en una punta y otra de la frontera con unos prismáticos para poder vernos”, explica ella. 

Los dos tienen claro que su incipiente futuro, su familia, lo quieren construir en Gibraltar. De hecho, la joven pareja tiene previsto acceder a una vivienda propia, facilitada por el Gobierno del Peñón, que estará lista en 2023. “En Gibraltar, si eres de aquí, te apuntas a una lista para optar a una casa y ya te van llamando según la posición en la que estés. Mientras nos llaman para 2023 pensamos alquilar algo por aquí cerca, en La Línea por ejemplo”, explica Karina. 

Este tipo de facilidades de las que disfrutan los gibraltareños es algo que llamó mucho la atención de José Antonio. “Me asombró no sólo el tema de la vivienda, sino también el sistema educativo. Allí en Gibraltar todos disfrutan de becas de estudio y además hay muchas opciones de formación y ayudas para que el alumno se desarrolle no sólo delante de los libros, sino en el arte dramático, la literatura, la música y el baile, por ejemplo. Me encantaría vivir allí y que nuestros futuros hijos puedan disfrutar de todo esto”, explica.  

Un beso para mostrar este ‘amor transfronterizo’. Foto: Manolo Glez.

Ambos quieren exprimir las oportunidades que se les asoman a un lado y otro de la Verja. Por ejemplo, la oportunidad de que sus futuros hijos sean bilingües. Una particularidad que se está perdiendo. Así lo asegura Karina, que estudia Magisterio en la especialidad de música por la Universidad de Gibraltar, y durante sus prácticas ha comprobado que cada vez son más los menores gibraltareños que hablan poco español, a pesar de la cercanía con este país. “Esto es una pena, la verdad. Nosotros tenemos claro que queremos mantener nuestras raíces, nuestra propia cultura, pero también aprender de la del otro, sin dejar de sentirnos de un lado u otro de la frontera”, apunta. 

Este enriquecimiento cultural es algo que los dos han sabido aprovechar desde un primer momento, compartiendo vida social en ambos territorios. “Tengo la suerte de tener buenos amigos aquí en Gibraltar y muchos otros en España. La mayor parte del tiempo lo pasamos allí en La Línea. Hay muchos gibraltareños que, con normalidad, disfrutan su tiempo libre en España”, subrayan. 

A pesar de esta naturalidad, reconocen que también se han encontrado con alguna que otra diferencia cultural que, lejos de ser un problema, ante todo les ha divertido. Karina reconoce la dificultad de entender el humor andaluz: “Me sorprendo mucho con algunas frases y expresiones que oigo en España. El humor andaluz es muy difícil de pillar. Es muy directo y el inglés tira más de la ironía. A veces he llegado incluso a ofenderme un poco, pero porque no entiendo la broma o emplean una palabra que a lo mejor a mí me parece muy fuerte. Enseguida me explican y ya lo pillo”. En las discusiones, como cualquier otra pareja, también es complicado el entendimiento. “Ella se pone a hablar en inglés y me deja fuera de juego”, comenta José Antonio. Ambos bromean además con los nombres y apellidos de sus futuros hijos. “Él es muy tradicional para estas cosas. A José Antonio le gustaría llamar a alguno de nuestros hijos igual que él. A mí eso no me convence. Además, aquí lo típico es usar un apellido solo”, explica Karina.

José Antonio Ruiz López (La Línea, 21 años) y Karina Tewkesbury (Gibraltar, 28 años). Foto: Manolo Glez.

El próximo verano, en agosto de 2021, contraerán matrimonio. Un evento que esperan con ilusión y que celebrarán junto a toda la familia, la de un lado y otro de esta frontera. “Ya tenemos el lugar de la celebración, en Campamento. Hemos buscado un sitio lo más intermedio posible”, señalan. 

Los preparativos de la boda han sacado a flote otras diferencias. “Una boda española es muy diferente a una británica, que tira de muchos discursos y tiene otro protocolo, pero nos adaptaremos y estamos buscando algo que nos guste a los dos”, señala él. 

Y es que, justamente, de esto se trata, de aprender a convivir con las diferencias y construir en lo que une, que siempre es más que lo que separa. Al fin y al cabo, como cualquier otra pareja, independientemente de su nacionalidad, solo son dos personas que se quieren, que no es poco. 

*Reportaje incluido en el número 2 de nuestro Magazine Siroco.