Guerra de extremos

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Hace unas semanas y cuando nos encontrábamos en el peor momento de la pandemia en cuanto a contagios y fallecimientos, leí en muchos artículos de opinión que la gravedad de lo que nos estaba ocurriendo, nos serviría para salir de esta terrible situación como una sociedad más madura, más solidaria y más generosa. Nada más lejos de la realidad.

Aún con decenas de fallecidos diariamente y cuando aún nos encontramos en estado de alarma, se suceden ejemplos, tanto de nuestros políticos como de nosotros ciudadanos de a pie, que dejan ver a las claras que la escalada de violencia verbal, intolerancia, falta de respeto continua y generación de odio, no solo no ha desaparecido, sino que va en aumento.

La tiranía de las redes sociales, la sobre información, la falta de educación y la necesidad de que tu mensaje sea escuchado forman un cóctel explosivo que hace que moderación, diálogo, consenso y comprensión no tengan en espacio en una sociedad que cada día es más superficial, inmadura y extremista.

Los que ya pasamos los 40 recordamos perfectamente lo que era esperar toda la semana para ver un capítulo de tu serie favorita junto a toda tu familia. Sentarte en el salón de tu casa y tenerte que tragar tandas de anuncios (tiempo perfecto para ir al baño, traer algo de la cocina o incluso pelearte con tus hermanos). Ahora como todos sabéis, esperamos a que cuelguen las temporadas completas en alguna de las plataformas de streaming y nos acabamos la temporada en pocos días, sin anuncios y en nuestra tablet.

Es tan sólo un ejemplo muy gráfico de cuánto han cambiado las cosas en tan poco tiempo. En las casas ya no hay que discutir por qué canal de televisión poner, o si ver deporte o una película. Los hogares españoles tienen varias smart TVs, smartphones, tablets, ordenadores… y por tanto cada uno puede ver lo que quiere, cuando quiere y sin necesidad de llegar a acuerdos ni ceder en prácticamente nada.

Por supuesto no voy a ser yo quién critique los avances en tecnología y las muchas ventajas que nos traen. Pero sí me gustaría llamar la atención sobre cómo esos avances y cambios de hábitos en una sociedad que va claramente por detrás de la tecnología en cuanto a la comprensión y uso de dichas herramientas muchas veces consiguen sacar lo peor de nosotros como seres humanos.

Los algoritmos que usan las grandes corporaciones tecnológicas han desarrollado inteligencias artificiales que hacen que aunque nos creemos perfectamente informados, cada vez consumamos más información coincidente con nuestro sesgo ideológico.

Internet ha hiper-segmentado la información de tal manera, en aras de la personalización, que ha creado burbujas en las que solo tienen cabida artículos que coinciden con nuestras preferencias.

Pues ahora cojamos todos esos ingredientes: impaciencia, desinformación, sesgo ideológico, necesidad de ser escuchados, superficialidad, prisas, aislamiento, egoísmo, etcétera, y agitemos la coctelera.

No es la intención de estos artículos de fin de semana la de sentar cátedra o dar lecciones de nada. Tan sólo hacer pensar a aquellos a los que les apetezca perder diez minutos, dos veces por semana.

Por tanto y como no me atrevo con la receta os dejo una reflexión. Lo que suele arreglar los problemas en las sociedades civilizadas es un cóctel de educación, comprensión, paciencia, generosidad y empatía. Es siempre más sencillo y más constructivo buscar lo que nos une que lo que nos separa.