Gibraltar, el aliado olvidado

760

Hace ya muchos años, durante mi etapa universitaria, cuando volvía de Granada para pasar unos días en casa recuerdo que al girar en una de las curvas de la autovía de Málaga -estando aún a casi una hora de llegar- la simple visión del peñón a lo lejos me hacía inevitablemente sonreír y sentir que estaba llegando a mi tierra.

Los sentimientos tienen eso. Nunca me importó -como a la mayoría de los campogibraltareños- su soberanía, y siempre tuve buenos amigos “llanitos”.Gibraltar y su roca forman parte de mi casa, de mi infancia y de mis recuerdos, al igual que les sucede a los que viven o han vivido en este maravilloso rincón.

Durante los meses previos al confinamiento y a la aparición de este virus Covid-19 que todo lo acapara, las dudas y sombras sobre cómo sería la futura relación entre Gibraltar y nuestra comarca eran totales. Existían reuniones, memorándums, declaraciones, intenciones y sobre todo miedo en ambos lados de la verja por saber cuál sería el resultado final de una relación que nos afecta sobre todo aquí en la zona, pero que deciden a cientos de kilómetros y sin criterios reales ni emocionales.

Pero en un contexto tan especial como el actual y con el hundimiento de una economía ya antes delicada, es el momento perfecto para girar la vista a nuestros vecinos.

Ambas partes tienen cosas que la otra necesita para acelerar la recuperación de una situación que se antoja más que complicada.

¿Por qué no buscar un acuerdo marco entre Gibraltar y nuestra comarca? Un documento trabajado que cuente con la unanimidad, lealtad y apuesta sincera de los nueves representantes comarcales (presidente de la mancomunidad y nuestros ocho alcaldes), que incluya una serie de medidas que potencien la salida juntos de esta situación. Esta, la crisis actual, se vería aliviada con colaboraciones bilaterales por encima de los intereses de partidos políticos a nivel nacional.

Esas medidas deben ser concretas, agresivas y valientes…incluyendo no sólo la movilidad y la permeabilidad de la frontera, sino temas como impuestos, ventajas para ciudadanos gibraltareños con viviendas en la zona, facilidad para empresarios del Campo de Gibraltar a la hora de desarrollar negocios en la roca, plataformas para encontrar financiaciones con inversiones a ambos lados… y un largo etcétera.

Ya sé que mi amigo Juan Franco me leerá y contestará que La Línea se representa sola pero, en mi opinión, para conseguir algo importante siempre es mejor ir juntos (se hace más ruido). De hecho, y sin ir más lejos, la mayoría de los logros de sus 5 años frente al consistorio linense emanan de sus acuerdos tanto con el Partido Popular en el pasado mandato en la Mancomunidad, como en este segundo mandato con su acuerdo con el PSOE, tanto en la institución comarcal como en Diputación.

La verdad es que un gran acuerdo marco entre el Campo de Gibraltar y nuestros vecinos gibraltareños tendría muchos aspectos legales que requieren de una aprobación o un cambio de legislación que compete a instituciones supramunicipales. Pero, por qué no ser ingeniosos, ambiciosos, optimistas e incansables y pedir a nuestros políticos que se pongan de acuerdo en las necesidades de los ciudadanos y “peleen” con sus partidos a nivel regional o nacional para conseguir el máximo posible, o el 100%, de este supuesto acuerdo.

Soñar es gratis, el no ya lo tenemos y desde luego Gibraltar es el GRAN ALIADO OLVIDADO.

Resulta cuanto menos curioso que ninguno de nuestros dirigentes nombra a Gibraltar cuando en todas las intervenciones que veo estas últimas semanas los periodistas preguntan a nuestros alcaldes y al presidente de la Mancomunidad ¿Qué medidas piensa tomar su gobierno para superar la crisis que se nos viene encima lo antes posible?

Es momento de mirar a un lado y buscar todo lo que nos une a un pueblo hermano como es el gibraltareño y dejar imposiciones y banderas para otro momento. Se trataría sencillamente de buscar el interés común y hacer que la salida de la crisis que está por llegar aquí sea más rápida gracias a decisiones que requieren altas dosis de auténtica política.