“Lo peor de la cuarentena es la incertidumbre, el no saber si tienes o no el virus”

Carmen Montano, vecina de Castellar, relata su experiencia durante una dura cuarentena tras el positivo de COVID-19 de su pareja, que tuvo que ser hospitalizado en La Línea

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Carmen Montano mira la calle desde su ventana.

La pandemia COVID-19 nos afecta, de una u otra manera, a todos pero hay quienes lo sufren en sus propias carnes o en las de los suyos. Son los que conviven o han convivido con el virus que mantiene en jaque a todo un planeta.

Carmen Montano es una vecina de Castellar de la Frontera que sufre una diabetes crónica y que ha estado más de quince días en cuarentena, aislada en un cuarto, desinfectando con agua y lejía allá por donde pasaba para evitar un posible contagio a sus dos hijos, de 19 y 22 años. Su pareja, conductor de ambulancias y asmático, dio positivo y tuvo que ser hospitalizado en La Línea.

Pocos días después de abandonar un confinamiento extremo, Carmen relata su experiencia de la que asegura que “lo peor es la incertidumbre”. “Estar encerrada sin saber si tienes o no el coronavirus, no saber si mañana vas a tener síntomas, si lo estás pasando… Me faltaba arañar las paredes”, expresa.

Carmen supo hace unos diez días del positivo de su pareja con el que no convive pero con el que sí pasaba tiempo. Tuvo entonces que ponerse en estricta cuarentena en su vivienda, con la inquietud añadida de que es persona de riesgo al sufrir diabetes. Mientras, Ismael, su novio, fue ingresado en el hospital de La Línea de la Concepción.

“He echado en falta que me hicieran las pruebas de COVID-19, me hubiese ahorrado mucho y he estado en riesgo porque soy diabética”

“En el hospital de La Línea le trataron muy bien, le pusieron un tratamiento y luego otro para bajar la inflamación y parece que es el que le dio resultado. Los dos primeros días llegó a tener 39 y medio de fiebre”, explica Carmen Montano, que no deja de agradecer la amabilidad de los sanitarios. “Hasta nos hicieron videollamadas y estuve hablando con las enfermeras”, añade.

Tras pasar la enfermedad, Ismael dio negativo pero dentro de quince días tendrá que someterse a otra prueba antes de “hacer vida normal… todo lo normal que estamos en estos momentos”. Carmen comenta que solo lo ha podido ver de lejos. “Lo trajo su hijo y me quedé asustada de cómo estaba, este virus te deja consumido”, suspira. “Ahora está mejor, me acaba de hacer una videollamada y aunque duerme con oxígeno puede subir mejor las escaleras de su casa”, explica.

“En el hospital de La Línea le trataron muy bien, hasta nos hicieron videollamadas y pude hablar con las enfermeras”

Su familia va saliendo poco a poco de un trance que, reconoce, ha sido “muy duro”. “El aislamiento ha sido horrible, por la incertidumbre, por no saber nada, pensando en mi enfermedad, en Ismael… Tuve que tomar ansiolítico para la ansiedad y comía porque tenía que tomar la insulina”, revive esta vecina de Castellar los peores momentos de su cuarentena.

Ha echado en falta que le hiciesen las pruebas de COVID-19. Cree que le hubiese ahorrado mucho y, siendo diabética, considera que ha corrido mucho riesgo. “El centro médico de aquí me ha tratado muy bien, no paraban de llamarme, de preguntar pero es verdad que alguien me debería haber hecho el test”, insiste.

“A Ismael solo lo he visto de lejos, lo trajo su hijo y me quedé asustada de cómo estaba, este virus te deja comido”

Carmen Montano tiene claro que cuando todo pase va a quedarse con el apoyo de su pueblo, “que se ha volcado”. “Todo el mundo me ha ayudado: mis hermanos, el alcalde ha estado atento, Paco Vaca, el médico Juan Pedro Molina y el enfermero, que me llamaban cada día; los vecinos, la muchacha de la tienda que se ofreció a traerme los mandados… Eso tampoco se me va a olvidar”, asegura.